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25 feb 2012

¿Por qué los niños no quieren ir a la escuela?


Un neurocientífico propone entender por qué los niños no quieren ir a escuela.

El neurocientífico y psicólogo Daniel T. Willingham propone entender cómo funciona el cerebro del alumno y aplicar técnicas de aprendizaje que mejoren su rendimiento en su última obra, presentada hoy en Barcelona.

La editorial Graó ha presentado esta tarde las ediciones traducidas al catalán y español de esta obra, titulada ¿Por qué a los niños no les gusta ir al colegio? Las respuestas de un neurocientífico al funcionamiento de la mente y sus consecuencias en el aula".

La editorial ha presentado este título como una herramienta de reflexión y análisis para docentes y educadores del país, después que su directora de ediciones, Cinta Vidal, escuchara mencionar el libro a la consellera de Educación, Irene Rigau, en una entrevista televisada.

Joan Domènech, miembro de la Federación del Movimiento de Renovación Pedagógica y uno de los ponentes del acto, ha resaltado especialmente la capacidad provocadora del libro como una oportunidad para reflexionar sobre los grandes retos de la pedagogía actual.

"Es importante que los niños y niñas vean que lo que se les enseña en las escuelas tiene sentido en sus vidas, les ayuda a tener conocimientos y les hace ser ciudadanos críticos en una sociedad compleja", ha explicado.

Por su parte, el profesor de psicología de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona Carles Monereo ha destacado la importancia de reflexionar sobre la resolución de dicotomías pedagógicas como competencias y contenidos o motivación y esfuerzo.

El acto, celebrado en el Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de Cataluña, lo ha clausurado la consellera de Educación, Irene Rigau, que ha apostado por la inserción de nuevas técnicas pedagógicas que permitan entender cómo piensan los niños.

El objetivo, según Rigau, es que la adaptación del profesor al alumno con más dificultades le permita obtener mejores resultados. "Enseñar en el siglo XXI, al margen de los avances de la neurociencia sería un error", ha concluido.

Daniel T. Willingham es profesor de la Universidad de Virginia y ha centrado su investigación en las bases del aprendizaje del cerebro y la memoria, así como la aplicación de la psicología cognitiva en la educación primaria.
 
Fuente: Efe

5 feb 2012

El buen humor en el aula como antídoto a la depresión y el bajo rendimiento


"El sentido del humor y el pensamiento positivo trabajan en nuestro beneficio y en el de los demás y suponen un antídoto contra la depresión y el bajo rendimiento". Así lo señala Begoña García Larrauri, doctora en Psicología de la Universidad de Valladolid y autora del libro Claves para aprender en un ambiente positivo y divertido, la persona optimista "evalúa la situación ante las dificultades de forma realista y además está más abierta a buscar soluciones", por ello, el optimismo y el sentido del humor "deben enseñarse desde pequeños en el entorno familiar y escolar".

De este modo, aunque las investigaciones sobre la influencia de la educación positiva en las aulas sean recientes, "algunos estudios subrayan ya el efecto favorable del humor sobre el aprendizaje, la retención de información y el rendimiento de los estudiantes".

El programa Aulas Felices
"El programa Aulas Felices se trata de una plataforma gratuita y de libre difusión cuyo objetivo es aportar recursos que potencien el desarrollo personal y social del alumnado y promover la felicidad de alumno, profesores y familias", destaca Ricardo Arguís, director del centro de profesores y recursos 'Juan de Lanuza' de Zaragoza y coautor del programa, primer manual en lengua española dirigido a trabajar la Educación Positiva de alumnos de 3 a 18 años (http://catedu.es/psicologiapositiva/).

El proyecto, que se aplica en colegios de toda España y en países de habla hispana como México, Venezuela o Colombia, se ha hecho popular en Internet donde en un año se han recibido más de 20.000 visitas procedentes de 61 países distintos.

Aulas Felices presenta distintos ejercicios prácticos "con los que el profesorado puede trabajar sus dos ejes fundamentales, atención plena y desarrollo de fortalezas personales, integrándolos dentro de la actividad ordinaria".

Fuente: El Economista

14 ene 2012

Malestar docente y burn-out


Tenemos una cierta tendencia a convertir en natural lo que nos sucede cotidianamente, en las escuelas mantenemos esa norma. Así aceptamos que los alumnos a medida que pasan los años tengan cada vez menos ganas de ir a la escuela (aunque, para ser exactos “el problema no es ir a la escuela, sino quedarse”), tampoco vemos como raro, que el docente sienta como una carga su trabajo, que tenga grandes necesidades de descanso, o mejor, de receso escolar.
 
Este esquema no se da en todas partes con la misma intensidad, sino que va aumentando con la edad que tienen sus alumnos, y con el grado de vulnerabilidad de sus familias.

Para evitar una respuesta simple, ante un problema que tiene múltiples dimensiones, es conveniente que nos cuestionemos algunos aspectos del quehacer docente. ¿Por qué no resultan atractivas las carreras de formación docente?, ¿a que se debe el cansancio docente?, ¿cuáles son las causas del ausentismo?, ¿se debe a cierta “perversidad” docente?, ¿qué le deberíamos pedir al nivel central de conducción?, ¿por qué muchas veces se escucha ese “rezongo” sin esperanzas?

En mayor o menor medida se da:

  • Sentimiento de desconcierto e insatisfacción ante los problemas reales de las prácticas docentes.
  • Desarrollo de esquema de inhibición (¿yo qué puedo hacer?).
  • Peticiones de traslado (para evitar las escuelas más conflictivas).
  • Deseo de abandonar la docencia (si fuese posible).
  • Ausentismo laboral.
  • Agotamiento.
  • Ansiedad.
  • Estrés (se trata de un fenómeno adaptativo de los seres humanos que contribuye a su supervivencia, a un mejor rendimiento en sus actividades y a un desempeño eficaz. Lo que llega ser negativo y nocivo es que esa experiencia sea excesiva, incontrolada o incontrolable.).
  • Depreciación del Yo. Autoculpabilización (muchas veces estimulado por el discurso oficial).
  • Ansiedad como estado permanente, enfermedad mental.
  • Depresiones.
Desde un punto de vista general, nuestra sociedad es hipócrita y ambivalente, al aplicar a los docentes el discurso de la vocación, del valor formativo y esencial de nuestro trabajo, cuando en realidad desprecia todo lo que no tenga valor material.

Por otra parte la tarea docente se encuentra sometida a múltiples presiones, de la Administración, de los alumnos, de los padres y de la sociedad en general. Elija el modelo que elija, el profesor va a enfrentarse con la oposición de quien ve la Educación desde otros puntos de vista.

Todo esto nos permite empezar a configurar un panorama del “malestar docente”, que con distintos grados de intensidad, no respeta ni fronteras geográficas, niveles de enseñanza ni situaciones socioeconómicas.
 

Pero, ¿qué ha llevado a esa situación?, si tomamos en cuenta la actividad áulica, siguiendo a Torres Santomé (1991), quien habla de las características que aumentan la complejidad del trabajo en el aula:
  • Multidimensionalidad: el aula es un espacio ecológico en el que tiene lugar una gran cantidad de acontecimientos y tareas diferentes.
  • Simultaneidad: suceden muchas cosas al mismo tiempo.
  • Inmediatez: existe un ritmo rápido en las experiencias en las aulas.
  • Imprevisibilidad: en el aula existen hechos no previstos.
  • Publicidad: todo lo que ocurre en el aula es público, es decir, lo presencian el docente y los estudiantes y, a través de ellos, llega al resto del personal docente y a las familias.
  • Historia: existe una continuidad a lo largo del ciclo lectivo que produce una acumulación de experiencias y rutinas.
Todo esto no es lo único, hay que considerar que la división de trabajo que hay en las instituciones genera y supone distribución de poder y emergencia de conflictos. Reconocer la presencia de ellos es muy importante, y los procesos de negociación y confrontación, la toma de decisiones, la diversidad de metas, son los que generan la “micropolítica” institucional.

Además se ha registrado un cambio importante, a las funciones sustantivas de creación, recreación y distribución de saberes y conocimientos formalizados, se le suman las funciones relativas a lo administrativo, lo comunitario y lo asistencial.

Los nuevos contenidos de la tarea docente pasaron de ser funciones instrumentales o complementarias a funciones sustantivas. Esto no sólo aumentó los contenidos de la tarea docente sino que ha desplazado sus funciones pedagógico-didácticas. La incorporación de componentes asistenciales ha afectado de diferentes modos la vida de las escuelas y el trabajo de los docentes.

En contextos de crítica pobreza, las escuelas se asumen como instituciones que absorben las funciones que antes ejercían otros agentes sociales: alimentación, control y atención sanitaria, orientación familiar, provisión de recursos escolares, servicios psicopedagógicos.

Por otra parte hoy en día se ha modificado el status social del profesor. La sociedad tiende a establecerlo sobre la base del nivel de ingresos. Las ideas de saber, abnegación y vocación han caído en picado en la valoración social.

En el momento actual los profesores se encuentran con una nueva fuente de malestar al intentar definir qué deben hacer, que valores van a defender: porque se ha perdido el anterior consenso, al que ha sucedido un proceso de socialización conflictivo y fuertemente divergente.

¿Cómo enfrenta la escuela actual este problema? Por un lado anteponiendo el mundo de la didáctica, con propuestas que intentan, aparte de mejorar el aprendizaje, reducir tensiones a través de un trabajo grupal y estrategias renovadoras con mayor participación de los alumnos. Por otro lado, el conjunto de normas disciplinarias, muchas veces absurdas, sin un "para qué" o con una finalidad meramente sancionadora y excluyente. Junto a esto siguen estando el "voluntarismo", la "vocación", que pretenden una salida individualista que no arregla nada.

Todo esto conforma una respuesta voluntarista, pues se la presenta como el remedio general, (por ejemplo, pensar que aplicando tal o cual método didáctico se terminarán los problemas de aprendizaje y de conducta, los chicos serán felices y el maestro se "sentirá bien").

Se parte de un supuesto de "omnipotencia educativa" (la escuela arreglaría todo, los problemas sociales, incluso, serían problemas educativos). De esta ideología está empapado nuestro sistema educativo, y esa "omnipotencia educativa" se internaliza en cada docente, en forma inconsciente. Entonces cuando en los procesos de enseñanza y de aprendizaje las cosas no salen como estuvieron planificadas, es él quien "vive" esa falla. En la mayoría de las ocasiones el docente no toma conciencia de este proceso, de manera que puede suceder alguna de estas cosas:

  1. Culpa al método usado (proyección en el método).
  2. Se lo atribuye a que los chicos no atienden, etc. (la causa es otro problema y ahí queda).
  3. Se lo atribuye a sí mismo. Esto le genera o incrementa ansiedades depresivas que deterioran su salud psíquica en forma manifiesta, en algunas ocasiones, o disfrazadas a través de cansancio físico sin causal aparente, agobio, stress. (Son muchos los docentes que sufren estados depresivos, que en casos extremos llevan a situaciones patológicas).
Pero, ¿qué explicación encuentran los estudiosos del tema?. Basándonos en el modelo de Blase podemos afirmar la existencia de “ciclos de acción”, en donde el docente repite acciones que lo llevaron reiteradamente a situaciones de fracaso, y de “cursos de acción”, donde reflexiona sobre sus prácticas, buscando soluciones nuevas.

A partir de esta doble noción, de cursos y ciclos de acción, cabe responder a las cuestiones antes formuladas como sigue:

  1. Conducta "sana", "normal", adaptativa del agente al medio y también del medio al agente- es la acción en curso, el curso de acción. Conducta "patológica", disfuncional, es la conducta circular, la acción cíclica, el ciclo de acción siempre recurrente sobre sus propios pasos, que lleva a nuevos fracasos.
  2. No hay conducta sana, ni adaptativa, que no incluya algunos elementos de ciclos, de circularidad, ni tampoco hay secuencias de acción tan patológicas que no contengan algún elemento de acción en curso, en progresión.
La conducta humana es curso y es ciclo a la vez.

Los llamados ciclos de acción están representados por las conductas repetitivas, las reacciones neuróticas, las estereotipias, las adicciones, las circunstancias de conflicto que no pudieron resolverse, etc. Este tipo de conductas lleva a un movimiento circular, donde siempre se vuelve al punto de partida y se sigue perpetuando la situación anómala.

En algunos casos, la dinámica institucional queda atrapada por una lógica rutinaria y ritualista que apela al reglamentarismo como modelo de gestión, otorgando más importancia a los aspectos administrativos que a los pedagógicos. Se trata de instituciones que centran su preocupación en la propia reproducción y conservación y no en cumplir con su función social.

En otras escuelas, la dinámica institucional, adopta una lógica integradora y de articulación institucional que apela a la autonomía docente para fortalecer su capacidad de gestión, reconoce lo pedagógico como sustantivo en relación a con los aspectos administrativo, comunitario y asistencial.

Una interesante explicación la obtenemos de Blase (1982), quien ha documentado lo que denomina "ciclo de ineficaz (degenerativo) rendimiento" del maestro. Dicho ciclo, metafóricamente representado como proceso de "combustión" del docente, lo describe de este modo: se produce un conjunto de condiciones en las que el esfuerzo y la competencia del maestro son insuficientes para alcanzar las metas de su actividad educativa; ese conjunto aparece como productor de tensión, de "estrés", resultando en sentimientos negativos, de insatisfacción y baja de la motivación por el trabajo en el maestro; todo esto aumenta la posibilidad de una posterior actividad ineficaz, fracasada, que conducirá a agravar la tensión y el sentimiento de inutilidad completa. De este proceso, calificado por Blase como cíclico y degenerativo, sale, como producto final, el maestro "quemado", que no ha podido sobrevivir a los problemas y que ha quedado incapacitado no tanto por algún ocasional fracaso, sino por el impacto negativo, acumulado a largo plazo, de sucesivas y cada vez más profundas experiencias de fracaso en su esfuerzo docente.

Lo trágico de las secuencias cíclicas está en que cada recorrido en ellas tiende a consolidar más y más la fuerza del anillo hasta hacerlo difícil de quebrar.

El maestro ve sus problemas de salud como fatalidades que no se relacionan con el trabajo que realiza; le resulta más fácil visualizar problemas en sus colegas que en él mismo; pero no los relaciona con la tarea.

Pero lo verdaderamente preocupante para el profesorado son los problemas de salud psíquica, de estrés, de depresión o el síndrome burn-out (estar quemado), dolencias todas ellas que son calificadas como “propias de su actividad”. Es decir, naturalizan estos síntomas llegando a pensar que es normal padecerlos.

Ante todo esto, ¿Qué puede hacer?, para quebrar circuitos de acción; se puede promover en los docentes actitudes reflexivas sobre su propia práctica, informar sobre el Burn-Out y sus implicancias, identificar y distinguir diferentes malestares que se traducen en síntomas que afectan la tarea cotidiana. Fortalecer en los docentes su rol profesional. y su capacidad de involucrarse en el proceso educativo con una innovación potenciada internamente, no exteriormente; y protegiendo su integridad psíquica. Brindar apoyo emocional y comprensión profesional del docente que comparte, investiga y busca soluciones efectivas a conflictos que perjudican el proceso de enseñanza/aprendizaje. Además es posible trabajar en torno a elaborar grupalmente respuestas positivas de solución de conflictos, que surjan en los grupos de trabajo, cambiar periódicamente de área de enseñanza, de alumnos o de nivel de los mismos; ordenar de otro modo la disposición física del aula; utilizar nuevos instrumentos, renovados materiales; estudiar materias o practicar alguna actividad sin ninguna relación con la propia docencia; llevar una vida social satisfactoria aparte de la escuela; hacer ejercicio físico y también conservar el cuerpo relajado (Pagel y Price, 1980). Si en este variado repertorio de posibles prácticas hay algo de común, ese elemento es el de la ruptura respecto a la recurrencia, la quiebra de la circularidad, el favorecimiento de una acción en curso, progresiva, frente a un secuencia rígidamente clausurada alrededor de sí misma.

La música evita el fracaso escolar


La Federación de Sociedades musicales de la Comunidad valenciana se ha hecho eco de una tesis de la profesora Mª Carmen Reyes que concluye que “la música debe ocupar en el sistema educativo un papel destacado por sus beneficios en otras asignaturas y en el desarrollo evolutivo de los alumnos”. La investigación se ha realizado sobre la base de 4.300 alumnos de todos los cursos de la etapa primaria de 18 colegios públicos de 8 comarcas de Alicante, Castellón y Valencia. El 99% de los alumnos-músicos de la muestra del estudio aprueba: el 37% con sobresaliente de nota media, el 42% con notable, el 11% con bien y el 9% con suficiente.

La autora del estudio, Mª Carmen Reyes, doctora en Arte, Filosofía y Creatividad, psicopedagoga y violinista, argumenta en su tesis doctoral que “la música debe ocupar en el sistema educativo un papel destacado por sus beneficios en otras asignaturas (matemáticas, lengua, conocimiento del medio, educación física…) y en el desarrollo evolutivo de los alumnos”. Además, cree que “es necesario que el número de horas de docencia que se le dedica a la música sea ampliado o reorientado de manera eficiente”.

La tesis doctoral expone que resulta indispensable utilizar la música dentro del proceso de aprendizaje porque es un estímulo que enriquece los procesos sensoriales, motores y cognitivos (pensamiento, lenguaje, aprendizaje y memoria) además de fomentar la creatividad.

A raíz de este trabajo, la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana (FSMCV) estima que una mayor integración de la música en la educación lograría un mejor rendimiento académico en los alumnos a corto plazo. Además, la FSMCV, ha constatado que prestigiosos estudios e iniciativas ya indicaban la bondad del binomio música-estudios y con los resultados de esta investigación se da otro paso determinante.

La Comunidad Valenciana tiene la segunda tasa más elevada (36,9%) de fracaso escolar de España tras Baleares y es la que menos ha reducido el índice en los últimos cinco cursos. En España la tasa está en el 31,2% y la media europea se sitúa en el 14,4%.

Fuente: 12notas

9 ene 2012

La sorprendente ciencia detrás de la motivación



Daniel Pink en el TED de 2009.

¿Qué motiva a nuestros alumnos?


Uno de los retos más frecuentes para un docente es encontrar la fórmula para motivar a los alumnos a aprender. Con motivación, todo es más fácil en el aula. ¿Podrías involucrar más a las alumnos en los proyectos de clase, generar más debate, estimular preguntas o simplemente inducir al esfuerzo? Hay buenas noticias. Las investigaciones científicas confirman reiteradamente que sí y han encontrado las claves.

La motivación es un motor interno que se nos enciende de forma misteriosa y nos predispone a aprender con facilidad, superar dificultades y conseguir lo imposible. Digo, de forma misteriosa, debido a que descifrar las razones, que hacen que estemos motivados o queramos aprender, varían según la persona y en ocasiones pueden ser poco obvias.

Tradicionalmente para conseguir el comportamiento del alumno que se desea se recurre a factores extrínsecos, como premios y castigos. Sin embargo, es interesante saber que cuando asignamos tareas complejas, que requieren de un esfuerzo y una creatividad continuada, este tipo de recompensas no funcionan para sostener la motivación a largo plazo.

Esta afirmación no es una sospecha o una opinión sino un realidad documentada durante más de 50 años por expertos y estudios sociales sobre el comportamiento humano. Numerosos experimentos nos descubren qué motiva a los humanos en general y los resultados pueden aplicarse fácilmente para tus alumnos dentro y fuera del aula.

Theresa Amabile, experta en creatividad organizativa, ha mostrado en sus investigaciones que ofrecer premios o castigos puede matar la creatividad: 

“Las personas (y por tanto tus alumnos) serán más creativos cuando lo que les motiva es el interés, la satisfacción y el reto del trabajo en sí mismo y no las presiones externas.” (Theresa Amabile, “How to kill Creativity”, Harvard Business Review, Septiembre 1998).

“En 9 de cada 10 tareas que examinamos a través de tres experimentos, vimos que cómo más incentivos externos se daban, peor rendimiento se conseguía”. (D. Ariely, U.Gneezy, G.Lowenstein & N. Mazar, Federal Bank of Boston).

Daniel Pink, escritor y periodista norteamericano, identifica de forma científica en su libro La sorprendente verdad sobre lo que nos motiva, tres claves que funcionan reiteradamente para conseguir la motivación y el camino hacia un mejor rendimiento: Autonomía, Maestría y Propósito. Su aplicación en el aula podría traducirse de la siguiente manera:
  • Clave 1: Dar Autonomía
Si quieres que tus alumnos se sientan implicados en un proyecto de aula, en vez de darles apuntes y un ejercicio, dales la libertad de que aprendan por sí mismos. Dales la autonomía para que escojan dónde y cómo obtener los conocimientos. Si les dejas afrontar el reto a su propio ritmo y en la secuencia que decidan, irán más allá de lo que pone el temario o lo que entra en el exámen.

Explica claramente el objetivo del proyecto y los resultados que esperas pero cada uno tiene libertad para buscar su propio camino para cumplir con el objetivo marcado.

La autonomía permite además acomodar el hecho de que no todos aprendemos de la misma forma. De acuerdo con el principio de las inteligencias múltiples, puedes guiarlos hacia una variedad de contenidos en distintos formatos: contenidos multimedia, ebooks, YouTube para Escuelas, libros, revistas científicas, blogs e incluso redes sociales. De la misma forma, el alumno documenta lo aprendido pudiendo usar herramientas 2.0, videos, presentaciones orales al resto de la clase, papel y lápiz, una obra teatral, un post en un blog, debatiendo con un experto por videoconferencia, etc. Las posibilidades son infinitas y ellos encontraran el medio que más les entusiasma.
Hay que crear oportunidades para que lleven a cabo su propia investigación, se equivoquen, aprendan de errores y desarrollen la capacidad de solucionar problemas. Para ello también se programa una tarde “Fedex” dentro del horario lectivo.

Una tarde “FedEx” se trata de una práctica inusual que empresas como Google realizan con sus empleados con grandes resultados. Gmail y Google News son dos productos desarrollados durante estas horas FedEx. En centros escolares también empiezan a aplicarse.

Básicamente cada trimestre, un viernes por la tarde, los alumnos trabajan en un proyecto durante varias horas que no forma parte del temario escolar pero que les despierta un gran interés. Puede ser escribir poema, crear un blog, grabar un video, construir un artilugio, realizar un experimento, etc. El lunes siguiente, los alumnos presentan los resultados e impresiones. Su lógica se basa en que los alumnos aprenderán más cuando tienen la autonomía de escoger el tema.

Con esta actividad los alumnos usan sus talentos sin restricciones, desarrollen su creatividad y prueban cosas por curiosidad o diversión. Puede parecer que se pierde el tiempo, que no se avanza en el temario escolar pero la ciencia sugiere todo lo contrario.

La manera más simple para asegurar que una persona valora lo que está haciendo es maximizar su libertad para escoger y su autonomía”. (Good and Brophy 2004).

Hoy la tecnología disponible nos ofrece todavía más medios para proporcionar esta autonomía a los alumnos. Bien utilizada se transforma en un potente acelerador de la motivación y en última instancia, del aprendizaje.

  • Clave 2: Conseguir Maestría
La maestría hace referencia a nuestro deseo de mejorar nuestras habilidades, de progresar y de ser cada vez más capaces. Harvard Business School lo identifica como el motivador más importante.

Un obstáculo actual es la importancia exagerada que algunos profesores y padres pueden llegar a dar a las notas para evaluar el progreso del alumno. Si un alumno percibe que el objetivo es aprobar un exámen o sacar una buena nota, este alumno se vuelve menos propenso a tomar riesgos, un prerrequisito para la creatividad y el aprendizaje. En vez de intentar aprender lo que realmente le interesa, comienza a pensar si estos temas entran en el exámen y cómo le afectarán la nota.

Es interesante experimentar con la asignación de proyectos que no puntúan o tienen poco peso en la nota final. Se da énfasis a la satisfacción personal de adquirir nuevas habilidades, tomando como partida las fortalezas e intereses de los alumnos. También se diseñan evaluaciones que incentivan el tipo de aprendizaje que queremos que los alumnos consigan. Además se les guía para que ellos mismos sean capaces de evaluar su progreso a largo del curso y estén motivados a mejorar sin presiones externas.

Finlandia es un ejemplo de un sistema educativo en donde prácticamente no existen las evaluaciones y en cambio consiguen los mejores resultados en las pruebas PISA año tras año.

  • Clave 3: Entender el Propósito
Los alumnos trabajan mejor cuando comprenden cuál es el propósito detrás de un proyecto de aula y especialmente ven su utilidad dentro de su futuro profesional.

Intentar explicar a un alumno porqué debe aprender a hacer derivadas en matemáticas, cuando desea ser pianista, puede ser misión imposible. Sin embargo, cuando sea posible, podemos intentar contextualizar un tema dentro de la vida real. Por ejemplo, si estamos aprendiendo estadística, podemos hacer que utilicen datos reales que sean interesantes o curiosos para ellos, por ejemplo, averiguar cuántas personas nacen en España cada minuto o cuál es la edad media de un usuario en Facebook.

Por otro lado, si estamos estudiando Inglés, podemos intentar que descifren en grupo la letra de canciones de Justin Bieber y Lady Gaga, o incluso que encuentren amigos nativos en Facebook y Twitter con los que practicar. Entenderán que el inglés es un vehículo imprescindible para viajar, entender una cultura, trabajar en el extranjero y hacer amistades en todo el mundo.

También, puedes generar el contenido de un proyecto a raíz de un interés que surge en el aula de forma espontánea. Por ejemplo, si un alumno se hace una herida en clase y te acribillan a preguntas sobre la sangre y el tema de los microbios (ocurre frecuentemente con los más pequeños), se puede aprovechar para iniciar un trabajo en grupo e introducir conceptos del cuerpo humano, infecciones, células, etc. Leerán, escribirán, investigarán y aprenderán las competencias básicas de una forma natural. El propósito y su utilidad estará bien claro para ellos.

Malos tiempos para la docencia


Isabel Ruíz
Entre crisis ecónomicas, sociales, políticas, de valores, y otras muchas que se pasean por ahí en estos tiempos duros para el ciudadano de a pie, parece que la docencia no es buena profesión.

Quizá porque se supone que enseñamos a los niños a defenderse económicamente mediante las matemáticas, socialmente con las tutorías y las humanidades, políticamente con la educación para la ciudadanía y la historia, en valores mediante la orientación tutorial y el ejemplo como profesores y adultos formados en mil batallas… y eso no interesa. No interesa la ciencia, ni  la poesía, ni que lean (que luego saben demasiado y protestan).

Los profesores sobramos. Quizá porque últimamente se mete en estos berenjenales la gente que lo siente, que cree en un futuro mejor, que miran más allá de los libros de texto y las programaciones encorsetadas y quieren futuros reales, llenos de imaginación y de creación, en un mundo que necesita tanto de lo intangible como de lo que es. Pero de lo que es ya han dado cuenta muchos, y ahora no hay para todos. Y nos recortan las posibilidades, la creatividad, las alas para seguir luchando.

Leo en un blog y en otro más cómo docentes excelentes, con mentes privilegiadas y corazones gigantes, tiran la toalla. Se trabaja lo que se paga, se claudica frente a un sistema equivocado delante de todo el pueblo. Y a veces dan ganas de claudicar, sí. De olvidarse de avanzar y recogerse en una ley del mínimo esfuerzo, entrando en un letargo profesional que, si no nos traerá alegrías, al menos nos dejará un trabajo remunerado (con la remuneración que el político de turno quiera, eso sí).

Pero, pensando en ellos, en los chicos, hay algo llamado conciencia que grita una y otra vez. Algo que no se paga con dinero, que forma parte de los ideales (aquellos ideales casi setenteros, démodés quizá, pero auténticos). No podemos permitirnos tirar la toalla, aunque estemos cansados, vapuleados, ninguneados por la sociedad, por los políticos… no podemos.

Porque nuestros niños son futuro, son inversión. Y lo que padres y profesores no hagamos por ellos y con ellos, no van a venir los demás a hacerlo. Porque perdemos profesorado en la pública, en la privada, a los interinos se les trata como a trabajadores de segunda y se olvidan de que la vida está en las aulas. No toda, ni dentro de los libros, pero sí muchas horas, muchos meses, muchos años.

No tengo propósitos para este nuevo año, no me gusta hacerlos (sobre todo, porque no los cumplo), pero si tuviese alguno, sería seguir dedicándome a la Educación, con mayúsculas. A abrir los ojos de los niños al mundo, a su propia sabiduría, a su propio potencial. Porque ellos pueden, si quieren… y quieren si les dejamos. Y aman y respetan cuando se sienten amados y respetados, y de ahí, al cielo matemático o literario.

No tirar la toalla, pese a todo. Ese es mi propósito. Pese a la subida del IRPF que nos va a dejan los sueldos de risa, a los recortes de profesores de apoyo en la pública. Pensemos en ellos… en lo que les podemos dejar aún. Para que el futuro de todos sea diferente al presente que tenemos. Yo no me rindo.

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