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8 sept 2012

Baja autoestima en niños y adolescentes

La autoestima es el valor que nos otorgamos a nosotros mismos, es decir, cómo y cuánto nos valoramos. Todos deberíamos tener una buena autoestima, es decir, un buen concepto de nosotros mismos, pero no siempre ocurre así, y en los niños y adolescentes, que tan inestables son por los cambios que les impone el desarrollo, mucho más. Veamos cómo les afecta una baja autoestima y qué hacer ante este problema. 

 

La baja autoestima

Hoy en día, en las sociedades desarrolladas, los niños y los adolescentes tienen todas sus necesidades cubiertas, incluso, muchos, tienen de todo y más de la cuenta. Sin embargo, cada vez existen mayor cantidad de niños y adolescentes con problemas de depresión, problemas con el alcohol y las drogas, el bullying o acoso escolar, etc.

La autoestima es la conciencia que tenemos de nosotros mismos y está relacionada con nuestra propia aceptación. Cuando su nivel es bajo, o porque no se ha desarrollado correctamente o porque se sufren “reveses”, somos vulnerables a influencias tóxicas o reaccionamos de forma inadecuada.

La comunicación familiar es el mejor arma para evitar estas influencias tóxicas; el dedicar tiempo a educar y que este tiempo sea de calidad, sabiendo poner límites cuando hay que ponerlos y reconocer sus logros, felicitándole por ellos, es la forma más adecuada de procurarle una autoestima correcta.

Consecuencias de una baja autoestima

Los problemas de niños y adolescentes que pueden tener su origen en una baja autoestima pueden ser:
  • Agresividad y actitudes violentas.
  • Depresión y tristeza.
  • Ideas y tentativas de suicidio.
  • Síntomas de inferioridad e incapacidad.
  • Problemas con el alcohol y las drogas.
  • Trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia.
  • Consumismo y compras compulsivas.
  • Timidez extrema y dificultades para la interacción social.

 

Los signos para sospechar una baja autoestima en tu hijo

Los signos más habituales de un niño y un adolescente con baja autoestima son los siguientes:
  • Suele usar frases como el “no puedo”, “no sé hacerlo”, “nunca lo aprenderé”, etc.
  • Tiene sentimientos de impotencia, con lo que suele enfrentarse a los retos convencido de que no los superará.
  • Se deja influir fácilmente, cambia de ideas y de conductas muy a menudo y en función de con quién esté.
  • Evita todas aquellas situaciones que le pueden provocar algo de ansiedad.
  • Se queja de que los demás no le valoran.
  • Tiene pobreza de sentimientos y de emociones.
  • Se pone muy a menudo a la defensiva y se frustra con facilidad.

 

Qué podemos hacer por ayudarle

La familia debe convertirse en su punto de apoyo principal, son etapas en las que los padres debemos de volcarnos con los hijos y hacer todo lo posible por elevar sus niveles de autoestima. Algunas de las claves más efectivas para lograrlo son:
  1. Habrá que procurarle oportunidades para que pueda lograr tener éxito. Una buena forma de elevar su autoestima es que realice actividades en las que pueda tener éxito y pueda comprobar lo capaz que es de realizarlas.
  2. Hay que hacerle responsable de determinadas tareas familiares desde pequeño, es necesario que se le impongan límites en su educación.
  3. Hay que ayudarle a sentirse seguro y a confiar en sí mismo. Cuando desde pequeño se confía en él, se le da responsabilidades, y se le da afecto y cariño, reconociéndole sus logros, ayudamos a forjar una autoestima fuerte y adecuada.
  4. Tener una infinita paciencia. En la adolescencia sobre todo, hay una tormenta emocional que afecta a los hijos. Hay que hacer un esfuerzo extra por comprenderlos, y por tolerar en cierto grado sus cambios emocionales y de conducta, igual que ocurre con las rabietas infantiles.
  5. Mantener una comunicación constante con el hijo, ayudará a contrarrestar el efecto de los mensajes que le llegan a través de otros medios, a solucionar sus dudas e incertidumbres, y a no tener que recurrir a otras fuentes para solucionar sus problemas.

Fuente: Psicoglobalia

14 mar 2012

Relativizar el fracaso escolar ayuda a los niños a sacar mejores notas


Investigadores de la Universidad de Poitiers, en Francia, aseguran que los niños pueden obtener mejores resultados en la escuela y estar más seguros de si mismos si se les inculca que el fracaso es algo que forma parte del aprendizaje, en lugar de estar encima de ellos para que saquen buenas notas a toda costa.

Así se desprende de un nuevo estudio publicado en el Journal of Experimental Psychology de la Sociedad Americana de Psicología, en el que se ha puesto de manifiesto que "cuando los estudiantes se obsesionan con el éxito, acaban desarrollando un miedo a fallar que les impide desarrollar recursos para hacer frente a nuevos retos", según ha reconocido Frederique Autin, autora del estudio.

Para corroborar esta observación, Autin y su equipo realizaron tres experimentos, el primero de ellos con 111 estudiantes de sexto curso, a quienes se les plantearon diferentes anagramas "muy difíciles" que ninguno de ellos pudo resolver.

A continuación, un investigador habló con los estudiantes acerca de la dificultad de los problemas. A un grupo se le dijo que el aprendizaje es difícil y el fracaso es común, y que la práctica es clave para aprender, como al montar en bicicleta. En cambio, a los niños de un segundo grupo se les pidió que explicaran cómo habían tratado de resolver los problemas. 

Acto seguido, los dos grupos fueron sometidos a una prueba para medir su capacidad de memorizar, clave para almacenar y procesar la información entrante, ya que la retentiva memorística es un buen predictor en muchos aspectos de los logros académicos, incluyendo la comprensión de la lectura, la resolución de problemas y el cociente intelectual.

En este sentido, los estudiantes a los que se les dijo que el aprendizaje es difícil desempeñaron significativamente mejor la prueba de memoria, especialmente en los problemas más difíciles, en comparación con el segundo grupo y un tercer grupo de control que se sometió a dicha prueba sin hacer si quiera los anagramas.

En un segundo experimento posterior con 131 estudiantes de sexto curso se siguió un procedimiento similar con los anagramas difíciles y las discusiones con un investigador.

Un grupo adicional de estudiantes fue sometido a anagramas simples que se podían resolver, y a este grupo no se le dijo que el aprendizaje es difícil.
 
Mejor fallar y aprender
Todos los estudiantes se sometieron a una prueba de comprensión de lectura, y los niños a los que se les dijo que el aprendizaje es difícil puntuaron más alto que los otros grupos, incluyendo aquellos que habían realizado con éxito la prueba más sencilla, lo que demuestra que el reflexionar sobre el fracaso "puede ser incluso más importante que su propio éxito, ya que se han enfrentado al aprendizaje de habilidades difíciles", señalan los autores.
 
Por último, la investigación también analizó un tercer experimento con 68 estudiantes, también de sexto curso, a quienes midieron la comprensión lectora y se les preguntó qué opinaban sobre la competitividad académica.
 
De este modo, el grupo al que se le dijo que el aprendizaje es difícil ofreció mejores resultados en la comprensión de la lectura y evidenció menos sensaciones de incompetencia.
De este modo, concluyen los autores, el estudio constata que la capacidad de la memoria puede mejorarse simplemente aumentando en los estudiantes "la confianza y la reducción de su miedo al fracaso".
 
"Nuestra investigación sugiere que los estudiantes se beneficiarán de la educación si se les da espacio para luchar con dificultades", algo en lo que, según Autin, "los maestros y los padres deben hacer hincapié en lugar de centrarse exclusivamente en las calificaciones".
 
Fuente: Europa Press
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