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10 abr 2012

El cerebro adolescente es impulsivo


Se cree que los problemas típicos de los adolescentes -sus cambios súbitos de ánimo, su malhumor y la manera temeraria de enfrentar la vida- son culpa de las hormonas "fuera de control", o de la mala crianza.

Ahora, sin embargo, una nueva investigación encontró que la verdadera causa de estos trastornos de la adolescencia está en el cerebro. Durante los años de la adolescencia ocurren cambios importantes dentro del cerebro. Las nuevas técnicas de imágenes computarizadas han sorprendido a los científicos al demostrar que los cerebros tardan mucho más en madurar de lo que se pensaba.


Los cerebros adolescentes no se convierten súbitamente de cerebros infantiles a cerebros adultos. El cerebro humano, el objeto más complejo que se conoce en el universo (uno que, por cierto, sólo requiere 25 vatios -el equivalente a una bombilla de baja energía- para funcionar), sólo llega a ser un órgano acabado cuando cumplimos 20 años de edad.

En el útero, el ser humano desarrolla unas 8.000 neuronas cada segundo. Para cuando nacemos, contamos con todas las neuronas que necesitaremos en nuestra vida. A partir de allí, igual que un arribista ambicioso, lo importante es establecer nuevas conexiones. Cada una de los cientos de miles de millones de neuronas con las que nacemos producen, en promedio, 10.000 conexiones diferentes. Esto ocurre tan rápido que para cuando el niño cumple seis años ya está establecida la estructura básica de su cerebro. Desde el nacimiento hasta que llegamos a la pubertad, el cerebro continúa creciendo. Y entonces ocurre algo verdaderamente extraordinario. A partir de los 12 años, en lugar de seguir haciendo nuevas conexiones, el cerebro comienza a perderlas.

"Podado sin piedad"

Durante los años de la adolescencia, cada año perdemos cerca de 1% de la materia gris de nuestro cerebro. Aunque esto suene a malas noticias, o a un indicio de que nuestro cerebro ha comenzado su decadencia, no es así.

Durante la adolescencia el cerebro se está reformando. Es un proceso similar al de un escultor que comienza con un gran bloque de mármol. Para crear una estatua tiene que "pulir aquí y cortar allá", lentamente convirtiendo el bloque uniforme en algo bello.

Los escáneres nos permiten ver lo que ocurre dentro del cerebro adolescente. Lo que ocurre en la adolescencia es que el cerebro está siendo descargado. Todas sus conexiones innecesarias o inútiles son podadas sin piedad. Es por eso que los años de la adolescencia son críticos para el futuro desarrollo del individuo. Las capacidades y hábitos que se adquieran en esta época probablemente persistirán.

Este proceso de podado eventualmente hará al cerebro adolescente más rápido y más poderoso. Sin embargo, los escáneres han mostrado que la última región del cerebro que alcanza su total madurez es la corteza prefrontal. Esta región cerebral es la responsable de funciones como la planeación, la anticipación, el control de las propias emociones y el entendimiento de los demás. En esencia, lo que hace a una persona ser adulto.

Sin frenos

Si no se cuenta con una corteza prefrontal totalmente funcional, el individuo tiende a ser impulsivo e insensible a los sentimientos de los demás y a tomar riesgos innecesarios. Además de carecer de algunos de los mecanismos esenciales de "frenado" de conductas impulsivas que ofrece la corteza prefrontal, el cerebro adolescente también parece tener un "acelerador" cerebral siempre pisado a fondo. Siempre que un adolescente se arriesga a algo, como a conducir un auto demasiado rápido, el cerebro es recompensado con una descarga hormonal, una euforia natural mucho más fuerte de la que podría sentir un adulto. Una explicación de porqué los adolescentes tienen conexiones que los hacen temerarios es que arriesgarse les ayuda a explorar el mundo, a tratar una variedad de cosas nuevas.

Las imágenes computarizadas cerebrales modernas nos han permitido mirar dentro del cerebro de un adolescente y ahora los padres quizás entenderán muchas cosas. Ahora que sabemos que gran parte de la mala conducta podría deberse a un producto del cableado inacabado dentro de la cabeza adolescente, quizás seremos un poco más comprensivos.

Fuente: BBC

20 ene 2012

Lectura, vitamina para la mente




El aprendizaje de la lectura ocurre en la infancia y se le atribuyen beneficios para el cerebro; ahora se ha descubierto en qué consisten y cómo se mantienen con el paso de las décadas. Leer siempre consigue mejorar la actividad del cerebro, independientemente de la edad del lector.

Según un estudio del Instituto Nacional de Investigación Médica de Francia, en Gif sur Yvette, aprender a leer incluso durante la vida adulta, es una experiencia tan importante para que hace que el cerebro recoloque sus recursos y modifique su estructura.

Los científicos, dirigidos por Stanislas Dehaene, escanearon la actividad cerebral de 63 personas adultas divididas en tres grupos: quienes no sabían leer, quienes aprendieron a hacerlo de niños y quienes aprendieron de adultos.

En concreto midieron su respuesta cerebral ante textos orales y escritos, rostros, casas y varias herramientas, mediante imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional (RMf).

Todos los participantes tuvieron respuestas más intensas ante las palabras escritas en varias zonas del cerebro que procesan lo que observamos. Las palabras escritas también provocaron actividad cerebral en partes del lóbulo temporal izquierdo que responden al lenguaje oral en quienes saben leer, aunque no en los analfabetos.

La lectura modifica el cerebro
Además la capacidad para leer perfecciona el procesamiento del lenguaje oral al mejorar una región fonológica, el ‘planum temporal’. Estos mecanismos neuronales permanecen capaces de apoyar el aprendizaje durante toda la vida adulta.

Estos datos coinciden con los obtenidos por el investigador Manuel Carreiras, del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje en San Sebastián (España), quien descubrió que los cerebros de los adultos que habían aprendido a leer a edad avanzada tienen una estructura distinta a la de los analfabetos.

Leer también nos vuelve más veloces mentalmente y permite que nuestra experiencia sensorial sea más rica y amplia, de acuerdo al doctor Jeff Zacks, investigador de la Universidad de Washington (EE. UU.), quien ha descubierto que para procesar las palabras captadas por el ojo, el cerebro realiza una simulación, valiéndose de experiencias adquiridas previamente.

Para el psicoterapeuta José María Sanz, experto en programación neurolingüística, una terapia complementaria que se centra en la relación entre las palabras y las conductas, “la lectura rápida permite una mejor comprensión del texto en menos tiempo, y por lo tanto puede considerarse una forma de leer más eficiente”.
Para mejorar nuestro nivel de lectura, Sanz sugiere practicar algunos ejercicios, como “ir subrayando cada línea del texto con el dedo, mientras vamos leyendo lo que este apéndice marca, con lo cual damos a los ojos un enfoque concreto a donde apuntar, evitando los las retrocesos de la vista innecesarios”.

“La lectura lineal, en la que se lee lentamente palabra por palabra, proporciona una pobre comprensión e incorporación del contenido leído.

En cambio, la denominada lectura comprensiva, nos posibilita relacionar y hacer interactuar lo que ya sabemos con la información que leemos, sacar conclusiones y fijar los nuevos conocimientos”, señala Sanz.

Para desarrollar esta modalidad de lectura, destinada sobre todo tareas de estudio, aprendizaje o elaborar textos profesionales, el experto sugiere “leer el texto rápidamente para que la mente se enfoque y concentre en toda la información que está pasando delante de nuestros ojos y el cerebro pueda procesar estos datos a mayor velocidad y reactivar nuestros conocimientos previos”.

Fuente: Vanguardia
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