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10 feb 2012

La autoridad del docente


¿Cómo se gana la autoridad docente?

Como mínimo son tres las cuestiones que influyen en que un docente tenga autoridad y que, de hacerla bien, debería contemplar una ley o norma.
  1. Una de ellas, podría ser obviamente la protección de los derechos del docente, pero no sólo ante padres y alumnos, también ante la comunidad educativa (incluida la administración). Derechos a tomar decisiones, a que se tenga en cuenta a la hora de elaborar currículos, a que se le permita la creatividad educativa...Una ley que obligue a los responsables políticos a valorar a los docentes y a su trabajo, como mejor ejemplo  para todos los demás ciudadanos de la sociedad que administran. Por tanto será insuficiente una Ley de autoridad que únicamente contemple mediadas sancionadoras hacia una parte de la comunidad educativa.
  2. Una ley que como principio establezca la  necesidad de desarrollar  medidas preventivas en todos los centros educativos, legislando sobre el desarrollo de Planes de Convivencia preventivos, contextualizados e incardinados en el curriculo de todas la áreas.
  3. Una ley que incluya medidas de apoyo formativo al profesorado para dotarle de  habilidades comunicativas personales, a la vez que recursos didácticos y metodológicos profesionales que le ayuden a motiva hacia el aprendizaje y el conocimiento, a enseñar de forma lúdica  y significativa y a liderar grupos de alumnos constituidos , habitualmente,  por niños, jóvenes y adolescentes, como argumento de autoridad docente.
Seguramente alguna cosa más, pero para comenzar... estaría bien. 

Fuente: AcogidayeL2+

Equivocarse para aprender

 
“Si no se han cometido errores aprendiendo, es un error creer que se ha aprendido” (Bruno Koeltz, en Le Nouvel Observateur).

Es necesario aceptar que no se es perfecto, y aprender a equivocarse para avanzar mejor parece ir en contra de los consejos oficiales, que hacen del error un enemigo a abatir en materia de educación. La exigencia de un resultado “sin errores” aparece como una constante a lo largo de los programas de estudio escolares.

Hay muchos estudios que prueban la necesidad de equivocarse para comprender y retener mejor.

Sin embargo, se “culpabiliza” el error y esta culpabilización viene reforzada por las prácticas que se dan en clase : No hay tiempo, se requieren resultados rápidos. De hecho, se piensa que, mientras menos “se pierde el tiempo” en aprender, más rápido se sabe. Por tanto, todo aquello que ralentiza los resultados, como la reflexión, la investigación, el trabajo en equipo, está desaconsejado por no decir prohibido. Sólo se tiene derecho a un ensayo.

Pero al contrario de lo que se piensa, ningún aprendizaje se puede hacer rapidamente. Es necesario que los alumnos tengan tiempo para construir el conocimiento : experimentar, analizar, tantear…

Por otra parte, hay que tener en cuenta que los ejercicios no han enseñado nada jamás : sólo pueden servir para fijar ciertos descubrimientos, pero jamás introducirlos – y aún así, deben ser lúdicos, jamás evaluados.

En cuanto al trabajo individual, deja al alumno como exclusivo responsable de lo que hace. Para que los alumnos sean capaces de asumir personalmente la responsabilidad de lo que hacen, es necesario que hayan podido primero compartirlo. Es una de las razones de hacer trabajar con los alumnos en grupos solidarios. Es en el grupo donde aprende a ser él mismo y afrontar solo las dificultades. No se aprende nada solo, y, desde luego, no se aprende a funcionar solo.

Por fin, hay que tener en cuenta la imagen que el profesor da de su relación personal con el error. Tiene que saber aceptar que no es perfecto, no sólo ante sí mismo sino ante los ojos de los alumnos : saber reconocer sus errores y saber recordar los que cometió cuando era alumno. Lejos de arriesgarse a quedar desvalorizado a ojos de los alumnos, se aproxima a ellos y les da seguridad.

Todo esto requiere de los profesores una formación adecuada que no se limita a los contenidos, ni tampoco a la pedagogía : ser profesor requiere que éste lleva a cabo un trabajo consigo mismo. que difícilmente podrá hacer a solas.

Extracto de: Charmeux, Éveline. “Ne pas faire de l’erreur un échec”. Cahiers pedagogiques, nº 494, janvier 2012, pp. 12-13. Traducido por Paideia.

30 ene 2012

El tamaño no importa


Una de las cuestiones que siempre se han planteado es la influencia del tamaño de aula (ratio de alumnos por clase) en los resultados académicos. La experiencia diaria parecía decirnos que sí, sin embargo, los resultados de una estudio reciente afirma que el tamaño del aula parece no tener demasiada influencia en los resultados finales de los alumnos.

Parece claro, y a la vista de las situaciones empíricas que la mayoría de docentes nos encontramos en las aulas heterogéneas (con alumnos de diferentes ambientes sociales y capacidades cognitivas) de nuestro país, que la influencia del número de alumnos que existen en las mismas condiciona la calidad de la enseñanza que nosotros podemos aportar o transmitir.

Pues bien, resulta ser que, a la vista de uno de los estudios realizados por dos investigadores educativos de la Universidad de Hardward, Will Dobbie, Roland G. Fryer, Jr  que realizaron un estudio bastante completo (y complejo) a escuelas charter de Nueva York, parece observarse que esa situación empírica que observamos en nuestro quehacer cuotidiano no tiene demasiada influencia en los resultados finales de los alumnos.

En primer lugar, y antes de exponer las conclusiones de esos dos investigadores, me gustaría aclarar el concepto de escuelas charter para poder entender un poco más el ámbito de estudio en el cual se basaron. Esa tipología de centros escolares son aquellos centros que reciben dinero público (como el resto de centros educativos públicos de EE.UU.) pero que no están sujetos a la totalidad de las reglas, regulaciones y connotaciones que se aplican en el resto de centros educativos públicos. Es decir, muy parecido a los centros concertados de nuestro país: centros subvencionados con dinero público, que permiten la aportación “voluntaria” de dinero privado (de los padres o de asociaciones) y, con orientaciones y estrategias educativas algo más flexibles que las marcadas por el propio gobierno. En definitiva, centros públicos gestionados de forma privada y donde llevan mayoritariamente a sus hijos aquellos que quieren optar por unas características determinadas para sus alumnos (cooperativas de padres, centros de diferentes congregaciones religiosas, etc.).

En ese tipo de centros, cuya segregación de alumnos es manifiesta y, consecuentemente ya ha habido un filtro en la elección del alumnado, nos encontramos, a la vista del estudio, que las medidas relacionadas con el tradicional modelo de recursos educativos (tamaño de la clase, gasto con alumno, capacitación de los docentes, etc.) no se relacionan positivamente con la eficacia escolar. En contraste a lo anterior, hay cinco medidas que parece que sí que implican una mejoría en los resultados de esos alumnos:
  • Comentarios frecuentes del docente sobre el trabajo realizado
  • Instrucción basada en datos y hechos tangibles (demostrables)
  • Tutorización efectiva y continua
  • Aumento del tiempo de instrucción (aumento del horario lectivo de los alumnos)
  • Enfoque constante de la enseñanza en el rendimiento académico
En definitiva, en centros “segregadores” que agrupan alumnos por cuestiones socioculturales, parece que la mejoría de resultados permitan un mayor número de alumnos en el aula con un menor coste para las arcas públicas y ello nos lleva a realizarnos una simple pregunta: ¿debemos usar métodos segregadores en el reparto de los alumnos por aula para conseguir la máxima homogeneización en las mismas y, por ende, un mayor resultado académico de los mismos? o ¿debemos mantener aulas heterogéneas, más caras, pero con mayores posibilidades de inclusión y menos de expulsión del sistema de aquellos que, por sus características socioculturales, estarían abocados a un abandono temprano del sistema?

Quizás sería bueno mezclar ambas opciones. Intentar homogeneizar los grupos pero dotar de la máxima flexibilidad a los mismos e, intentar ayudar a los alumnos divergentes en dicha homogeneización mediante atenciones individualizadas para que pudieran ponerse al nivel de sus compañeros (no como las actuales que, lo único que hacen es aumentar la distancia entre los que pueden seguir el sistema y los que no). Eso sí, a partir de un cierto momento, quizás sería necesario el establecer vías profesionalizadoras divergentes.

Fuente: xarxaTIC

26 ene 2012

El alumno no se duerme, reflexiona


La filosofía de Edward A. Murphy Jr., un ingeniero de desarrollo que trabajó en experimentos con cohetes sobre rieles, ha trascendido el tiempo y llegado a los más diversos ámbitos, entre ellos, el escolar.

Alrededor de 1949. Murphy Jr. enunció el adagio: "Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culminará en desastre, alguien lo hará de esa manera". Así es como lo recuerda su hijo, Robert Murphy.
Con este enunciado, Murphy resumió su frustración ante la cantidad de fracasos que acumuló durante el tiempo que trabajó en experimentos de la Fuerza Aérea. Aparentemente, alguno de los trabajadores siempre cometía un error.
Con base en esta oración han surgido numerosas frases que reflejan cierto pesimismo, un poco de desconfianza, pero, sobre todo, buen humor, ante las circunstancias desafortunadas de la vida. Para el ámbito escolar, la página de internet 10puntos da estas diez frases:
  1. El alumno no saca ceros, colecciona huevos de colores.
  2. No copia, ejercita la vista.
  3. No sopla en los examenes, pone las respuestas en común.
  4. No se distrae, examina las moscas.
  5. No se duerme, reflexiona.
  6. No fuma, se relaja.
  7. No hace novillos, le reclaman en el bar.
  8. No come chicle, fortalece la dentadura.
  9. No habla, intercambia opiniones.
  10. No enfada al profesor, estudia sus reacciones.
¿Conoces otras leyes escolares enunciadas al estilo Murphy? ¡Compártelas en un comentario!

Fuente: 10puntos

25 ene 2012

Una visión de los estudiantes de hoy


Un breve resumen de las caracteristicas más importantes de los estudiantes de hoy - como están aprendiendo, que necesitan para aprender, sus metas, esperanzas, sueños, que les gustaría ser en sus vidas, y que tipo de cambios van a experimentar a lo largo de sus vidas. Creado por Michael Wesch en colaboración con 200 estudiantes de Kansas State University.

19 ene 2012

El alumnado de secundaria de Baleares considera que sus profesores no son un referente

El 62% del alumnado de secundaria de las Islas Baleares no considera que sus profesores sean una autoridad de referencia, frente al 27,4% que cree que bastantes de sus docentes reúnen cualidades con las que se identifican. 
Estas son las principales conclusiones del Estudio sobre la Convivencia Escolar en la Educación Secundaria de las Islas Baleares, presentado por el conseller de Educación, Cultura y Universidades, Rafael Bosch y recogido por Magisnet.

El informe analiza la calidad de la convivencia en las aulas y muestra que la mayoría de los encuestados está bastante satisfecho o muy satisfecho con la convivencia y las relaciones que establece en la escuela. En concreto, el 86,3% de los jóvenes valora de forma positiva las relaciones con los compañeros, el 82,5% está satisfecho con lo que se aprende en el centro y un 79% valora positivamente la relación entre la familia y el centro.

Cuando se les pregunta por el centro en general y los docentes, el 59,7% de los encuestados se muestra poco o nada satisfecho con los profesores, un 13,7% hacia sus compañeros y un 30,8% con la dirección del centro

En cuanto a la opinión del profesorado, el estudio muestra que el 95% de los docentes valoran la calidad de la convivencia como buena o muy buena. Además, más de un 82% participaría en los procesos para la mejora de la convivencia escolar y más de un 72% cree que influye positivamente en la vida de otras personas.

La publicación también menciona los obstáculos a la convivencia. Para el 82,4% de los docentes, orientadores y equipos directivos el principal problema es la ausencia de disciplina en la familia. Le siguen la falta de implicación de la familia (70,6%), la falta de apoyo de la Administración (58,8%), la insuficiencia de los medios de que dispone la escuela para afrontar los retos actuales (52,9%) y la falta de formación de los profesores para resolver los problemas que plantea la convivencia (47,1%).

Por último, el informe refleja las condiciones para construir y mejorar la convivencia. Así, los autores consideran que es necesaria una buena coordinación y una evaluación sistemática que permita conocer las mejores prácticas y detectar los posibles riesgos. Entre las necesidades más relevantes destacan la formación de los profesores sobre cómo mejorar la convivencia, equipos de mediación y resolución de conflictos en múltiples niveles y creación en los centros de equipos de alumnos para mejorar la convivencia, entre otros.

Fuente: Educaweb

Estilos de aprendizaje


No existe una sola forma de aprender, cada uno se relaciona con el mundo de una manera distinta.
 
Nuestro estilo de aprendizaje es el que nos ayuda a aprender de la manera más eficiente y duradera. Hay tres tipos de alumnos: visuales, auditivos y kinestésicos. No existe una sola forma de aprender, cada uno se relaciona con el mundo de una manera distinta.

Conocer nuestro estilo puede ayudarnos a perfeccionar la manera en la que aprendemos y almacenamos la información.

Visuales: Si a la hora del examen, se le hace fácil recordar la página de texto específica y dónde en la página estaba la información que necesita, probablemente sea un alumno visual. Por eso, puede absorber con rapidez grandes cantidades de información y relacionar conceptos visuales con facilidad. En una charla, por ejemplo, absorberá la información mejor si puede leer las fotocopias en lugar de seguir la explicación oral. También puede tomar notas para poder leer.

Auditivos: Si es usted un alumno auditivo, aprende de manera secuencial y ordenada; pero necesita escuchar su grabación mental paso a paso. Le será más difícil relacionar conceptos o elaborar ideas abstractas. Sin embargo, tendrá más fácil el aprendizaje de idiomas y desarrollará sus habilidades musicales con mayor naturalidad. Como alumno auditivo aprenderá mejor si recibe las explicaciones oralmente. Le viene bien repasar hablando y explicándole los datos a otra persona.

Kinestésicos: Si es de los que escriben rápido en el teclado, sabiendo dónde está cada letra sin tener que mirar, es posible que sea un alumno kinestésico. Si es así, tiene mucha capacidad de concentración y le viene bien el contacto físico para aprender. Como alumno kinestésico, hace uso de su memoria muscular; almacena información a través de movimientos, sensaciones, acciones y manipulación de objetos. El aprendizaje puede ser más lento y difícil, pero ocurre a un nivel más profundo y por eso es más difícil de olvidar.

Para más información puede visitarse la web Wikidiversidad que además incluye un 'test' por si se desea averiguar el estilo que predomina en cada uno de nosotros.

Fuente: El nuevo día
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